Un 25N más de lucha contra la violencia de género

Reconocemos que en las charlas previas a este texto y a otras actividades alrededor del 25 de noviembre, Día internacional por la eliminación de la violencia contra la mujer, surgía en nosotras una cierta fatiga. Repetir otra vez que las mujeres hemos de ser tratadas con respeto tendría que ser una obviedad pero no lo es tanto, desgraciadamente.

Baste leer cualquier diario –bueno, cualquiera tampoco, pongamos como buen ejemplo el suplemento sobre el 25N de Infolibre– estos días para ver que desde que Virginia Woolf publicó su obra Una habitació propia no hemos cambiado tanto. Más reciente, en esta reseña sobre el libro Cansadas. Una reacción feminista frente a la nueva misoginia, leemos:

“Una nueva misoginia, que lo único que tiene de nueva son las formas, ahora mucho más sutiles”

Porque el espejismo de la igualdad lograda sobre el papel hace que parezca que la batalla está ganada pero estamos muy lejos de eso. El maltrato físico contra las mujeres, incluidos los asesinatos, son sólo la punta del iceberg de la violencia machista, la parte que más se ve, la más evidente, la que más nos conmueve pero hay mucho más.

25N

 

La base del iceberg de la violencia de género

La violencia de género es mucho más que los golpes y arraiga en lo más profundo de nuestra cultura, algo que no es ni de lejos justificación. Las leyes han cambiado pero los usos sociales no tanto y, tristemente, la gente más joven vuelve a reproducir modelos de relación machistas que creíamos más propios de gente mayor.

En el vídeo,  la socióloga Carmen Ruiz Repullo cuenta la historia de amor de  Pepa y Pepe tal y como la trabaja con adolescentes para que ellas solas vean  lo que se oculta en la base del iceberg. Ella habla de una escalera en la que se van subiendo peldaños poco a poco. Dedicadle los diez minutos que dura porque es muy elocuente.

 

Todos y todas nosotras nos hemos criado en una sociedad machista y hemos integrado falsas creencias como el amor romántico –¡Ay, Disney, cuánto daño han hecho los cuentos de princesas!–. Al crecer, con las experiencias, vamos cuestionando algunas de las situaciones que vivimos y nos rebelamos contra ellas. Nos hacemos feministas.

Aún así, declarándonos feministas, siguen saliendo reacciones de forma automática que podríamos considerar machistas. El primer paso para romper con nuestras actitudes machistas es la atención, ponerse las gafas violetas. Para saber de esta expresión os dejamos un texto de Barbijaputa y este vídeo de Toña Medina/Sisterhood Madrid, más humorístico.

La solución pasa por la educación

La cuestión es que observar nuestras actitudes sexistas, aceptarlas y tratar de cambiarlas es un proceso largo y tedioso que tendremos que hacer como sociedad, cuanto antes mejor. Desde hace muchos años las mujeres –poco a poco y por desgracia aún no todas– hemos militado en el feminismo y ahora con más fuerza llega el momento de que los hombres también lo hagan.

violencia de género

Hemos dedicado nuestros esfuerzos a que las mujeres aprendieran desde niñas a identificar las desigualdades y a protestar por ellas, a defenderse de ellas o evitarlas, coartando así su libertad, igual que ocurre ahora con las mujeres maltratadas, que son ellas quienes tienen que cambiar su vida. En este punto, un inciso interesante leído en El MundoUna mujer maltratada pide que se obligue a su agresor a vivir “con escolta”. ¿Por qué no? Al fin y al cabo el infractor es él y no ella.

Este mismo cambio debe producirse en el caso de las violaciones: pongamos a cada uno en su sitio y no criminalicemos a las víctimas. El 30% de los hombres violaría si supieran que su acción no iba a tener consecuencias penales. Terrible, ¿verdad? Dejemos de decirles a las chicas lo que no deben hacer para no sufrir una violación, y enseñemos a los chicos a respetar a las chicas como iguales para que no las violen. Basta ya de ese argumento de la incapacidad de controlar los impulsos porque somos racionales y como tales debemos comportarnos.

violencia de género

Iniciativas como el #metoo de hace unos meses o el #yotecreo a cuento del jucio a la mal llamada La manada sirven para sacar a la luz pública situaciones que normalmente por miedo, por vergüenza aún se esconden y quien debería sentir vergüenza es el agresor, no la víctima. Siempre.

Juntas caminamos hacia una sociedad que finalmente respete a todas las personas.  ¡Seguimos!