Sobre la justicia social

“Nadie sabe cuál es su lugar en la sociedad, su posición, clase o status social; nadie conoce tampoco cuál es su suerte con respecto a la distribución de ventajas y capacidades

naturales, su inteligencia, su fortaleza, etc. Supondré, incluso, que los propios miembros del grupo no conocen sus concepciones acerca del bien, ni sus tendencias psicológicas especiales. Los principios de justicia se escogen tras un velo de ignorancia (…) si un hombre sabe que él es rico, puede encontrar racional el proponer que diversos impuestos sobre medios de bienestar sean declarados injustos; si supiera que era pobre, es muy probable que propusiera lo contrario. Para presentar las restricciones deseadas uno se imagina una situación en la que todos estén desprovistos de esta clase de información” John Rawls (1978). Teoría de la justicia. FCE, México.

¿Sabemos cuál es nuestro sentido de la justicia social? Todos tenemos opinión respecto a lo que vemos en las noticias, lo que escuchamos a diario en nuestro entorno más cercano. Somos capaces de analizar, recapacitar amenazar, lanzar exabruptos sobre políticos, delincuentes y otros personajes que vemos que a diario hacen el mal impunemente, capaces de decir como solucionaríamos cualquier de esos problemas y como si pudiéramos acabaríamos con todo, pero en realidad no hacemos nada, solo comentamos.

Lo mismo pasa cuando vemos las desigualdades sociales que hay a nuestro alrededor, cuando tenemos el sentimiento de injusticia, cuando notamos las diferencias en la sociedad, en el género, en la economía, en la raza, en la religión o incluso en la condición sexual de cada personas, todas esas sensaciones y diferentes pensamientos que se cruzan por nuestra mente para llegar a convertirse en un cuestionamiento, en una preocupación y en una búsqueda de respuesta fácil y sencilla a un simple pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué no es justo el mundo en el que vivo? ¿Qué pasa que solo yo tengo esta sensación de malestar cuando veo a mi lado que las cosas no son justas? ¿Qué no se trata a todos por igual? Y ahora viene otra pregunta… ¿qué es tratar a todos por igual, y en consonancia? ¿Es justo tratar a todos por igual teniendo en cuenta las diferencias y particularidades de cada uno de los individuos que forman una sociedad?

Cuando hablamos de justicia social lo primero que debemos tener delante es la idea de bien social como concepto de bienestar propio y de cada uno de los individuos que nos rodean; si nosotros somos parte de la sociedad y la sociedad parte de nosotros; si yo sufro ella sufre y si la sociedad sufre yo lo hago. El problema viene cuando me siento ajeno o no perteneciente al entorno, a la gente, a la cultura que me rodea, entonces mi sentido de la justicia social será menos intenso, y su óptica solo tendrá un punto de vista:

Si hay algo que me duele, ¡lucharé! Pero hasta que eso ocurra mantendré la distancia emocional con el resto de la sociedad (el sentimiento de pertenencia o no al grupo marcará mi conducta prosocial, por muy justa que sea yo en mis razonamientos).

El concepto de igualdad y el de justicia han ido siempre muy unidos, cierto es que para cada uno de nosotros y dependiendo de nuestra historia vital los matices de los conceptos varían, lo que para mí puede ser injusto para la persona que vive justo a mi lado puede no serlo y al contrario, y sobre todo la intensidad con la que yo vivo una u otra injusticia para mí puede ser más o menos soportable en función de mis valores. He aquí la raíz de todo pensamiento sobre la justicia social, los valores que posee cada persona, porque todo reside en cómo y de qué manera quiero yo vivir y como quiero que esté mi entorno. La justicia social es un valor tan modulable como lo somos cada ser humano, pero como muchos otros valores no se suele educar, se cree que va implícito en cada uno y se irá desarrollando a medida que vayamos enfrentándonos a diferentes situaciones. Hay un momento en el que si no somos capaces de educar en lo más básico difícilmente vamos a ser capaces de educar en justicia social.

Cierto es que cuantos más conflictos hay, más se habla de justicia social, porque más desigualdades vemos y por lo tanto más soluciones intentamos buscar, de los conflictos nace la justicia social y de ella las soluciones a esos conflictos.

Igualdad, tolerancia, comprensión, solidaridad… son términos que utilizamos a diario y, sin embargo, no solemos englobarlos dentro de la conducta prosocial del ser humano que como su propia palabra dice es por y para el otro, el que se parece a mí y que, sin embargo, no conozco, pero si conozco como se siente cuando tiene dolor porque es como me siento yo cuando siento dolor, somos prosociales porque somos empáticos y porque nos gusta el sentimiento altruista, no el hacer sin recibir, sino el de hacer para dejar de sentir malestar, sentir el bienestar del otro y como consecuencia sentir mi propio bienestar. Esta capacidad de ponernos en el lugar del otro es lo que mueve la justicia social, sin esta capacidad y sobre todo sin el miedo de pensar que lo que le está pasando a otros me puede pasar a mí, sin eso la justicia social no existiría, con lo cual para ser sinceros hay que saber que nos mueve el miedo a que lo malo se extienda y nos pueda tocar y sin duda el de vivir en una sociedad sin miedo, así pues, ser altruista es una postura totalmente normal y adecuada.

Somos seres sociales y sin sociedad no tendríamos una calidad de vida digna, no compartiríamos, no reiríamos, no desearíamos, y no imaginaríamos utópicas realidades de justicia universal, con lo cual tengo que tener claro, que soy parte y todo de mi sociedad, problema y solucionador, pensante y ejecutante y sobre todo creador del valor de justicia social.